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FRANQUICIA

Cámara Madrid
6 de Septiembre de 2010
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Reportaje
Fecha 08/07/2010
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La franquicia, sí o sí


"No existe ninguna otra modalidad empresarial que esté “capeando el temporal” con tanta seguridad y aplomo, sabiéndose adaptar a los cambios tan bruscos del mercado"

Es verdad que lo pasado, pasado está, y mejor no removerlo. Pero hay ocasiones en las que no está de más echar la vista atrás para comprobar el camino recorrido, en este caso por el sistema de franquicia en España. Porque tiene mucho mérito haber llegado hasta aquí, después de superar tantos obstáculos.

Como si estuviésemos en una máquina del tiempo, hagamos un ejercicio de memoria hasta retroceder a los primeros años de la década de los 90 del siglo pasado. Sí, no ha sido hace mucho, tan sólo han pasado 20 años, pero, en aquel entonces, la fórmula de la franquicia estaba rodeada de una aureola de malas sensaciones, se pensaba que eran negocios en los que el dueño –el franquiciador– explotaba a sus trabajadores –los franquiciados–. La tarea de quienes integraban el sistema en aquella época era ardua, explicando en cada foro qué es una franquicia, un canon de entrada, un royalty

Poco a poco, las compañías con visión de crecimiento advirtieron que este modelo de negocio les iba a permitir expandirse más rápido y ganar mayor cuota de mercado respecto a sus competidores. Pero claro, en un país de pícaros como el nuestro, no todos los que utilizaron esta fórmula para crecer resultaron ser honestos, y algunos ejemplos, en forma de cadena de enseñanza de inglés, hicieron caer a casi todo un sector y tambalearse los cimientos de este sistema.

Volver a empezar

Así que aquello fue como empezar otra vez desde cero. Todo lo que se había avanzado, hubo que volver sobre nuestros pasos y recorrer lo andado. Había unas bases, cierto, pero tocaba reforzarlas para que no se produjese otra sacudida que pudiese derribarlas. No era justo que por la mala gestión de unos pocos, que sólo estaban aprovechando el tirón de la franquicia, muchos otros, que sí tenían un saber hacer probado y de éxito, se vieran perjudicados.

Por eso, gracias al trabajo de todos los que creemos en las bondades de este sistema, se salió adelante y muy reforzado, por cierto, hasta el punto de que hoy ha cambiado todo. Ya nadie pregunta qué es un canon de entrada o un royalty, y las figuras del franquiciador y del franquiciado son vistas como lo que son: empresarios, que si reman en la misma dirección alcanzarán los objetivos marcados y tendrán un éxito compartido.

Sin embargo, lo más positivo de todo es que el sistema, aun estando maduro, todavía tiene recorrido para evolucionar más. Que ya represente el 15% del comercio minorista es importante; que cada vez haya más empresas de renombre que opten por crecer mediante la concesión de franquicias, también; que emprendedores e inversores lo tengan en cuenta a la hora de montar un negocio, sin duda es significativo, pero que la seriedad y la confianza en este modelo de comercialización empresarial sean hoy las características principales del mismo, es algo de lo que sentirse orgullosos, porque éste ha sido un trabajo de todos.

Y tras la tempestad…

No obstante, esa senda de crecimiento por la que caminaba la franquicia con paso firme, se ha visto truncada por la consabida crisis económica de magnitud mundial. Para este sistema, sin embargo, es una empinada cuesta que está sabiendo atacar mediante mucho trabajo y dinamismo. Es innegable que algunas enseñas se están quedando por el camino, y que la recesión ha hecho disminuir las cifras de facturación, número de establecimientos operativos, de empleos generados, de inversiones realizadas… Es lo normal. La franquicia no es ajena a la crisis, pero sí es una fórmula que no se rinde, que en épocas de “vacas flacas” saca lo mejor de sí misma y que será la primera que superará esta coyuntura desfavorable.

El sistema ya ha vivido otras crisis en nuestro país, y salió reforzado de ellas. Además, eran tiempos en los que todavía no había alcanzado su madurez. Si ahora ya la ha conseguido, es lógico pensar que de estos tiempos tan duros y difíciles también saldrá con éxito. Con bajas, pero con éxito. Entonces, retornará al crecimiento, con paso firme y seguro.

Pero es que, además, no existe ninguna otra modalidad empresarial que esté “capeando el temporal” con tanta seguridad y aplomo, sabiéndose adaptar a los cambios tan bruscos del mercado. Las enseñas ponen en marcha nuevas líneas de negocio, se implantan en locales más pequeños y en poblaciones con menor número de habitantes, derrochan imaginación lanzando ofertas y campañas, y, lo más importante, refuerzan la relación con sus franquiciados, la columna vertebral del negocio, rebajándoles los cánones, royalties, y estando mucho más cerca de ellos.

Incluso, este periodo tan convulso ha servido para que emprendedores, inversores y desempleados se acerquen hasta la franquicia con mayor interés, pudiendo comprobar que es un sistema que funciona, que minimiza los riesgos a la hora de montar un negocio que ya está probado, con un saber hacer testado y contrastado, con economías de escala… en definitiva, con múltiples ventajas para convertirse en un empresario de éxito.

Sin duda, mucho ha llovido desde aquellos tiempos en los que la franquicia inspiraba poca confianza. Pero el trabajo constante y decidido de consultoras, de ferias monográficas, de la Asociación Española de Franquiciadores, de medios especializados, y, sobre todo, de las propias cadenas ha permitido que el sistema sea lo que es hoy: un referente y un ejemplo de “saber hacer” bien las cosas. Por eso, hay que apostar por la franquicia, sí o sí.

Juan Carlos Martín Jiménez
Redactor Jefe de la revista “Profesionales Liberales”

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